Escriben

Imaginación y corazón para transformar las palabras en historias.

En ocasiones regresan de las nubes y entonces…

  • DAVID HERNÁNDEZ SEVILLANO

    Siendo yo muy niño, mientras bostezaba, un rebaño de cuentos se me coló dentro de la boca y sin querer, me lo tragué.

  • FRAN PINTADERA

    De pequeño no le gustaban los calcetines apretados. Tampoco peinarse con la raya al lado. Los calcetines embutían sus tiernas carnes y la raya al lado aprisionaba, peinado a peinado, su rebeldía infantil...

  • ESTRELLA ORTIZ

    Nada más nacer, la comadrona le dijo a mi madre: Conchi, has tenido una lectora. Como eran otros tiempos, eso no cayó demasiado bien en mi familia...

  • LIZA PORCELLI

    Liza vive en Argentina desde el día en que nació, que fue hace bastantes años, justo el mismo día...

  • FERNANDO RUBIO

    Me he comprado –bien barato- un atrapa-cuentos. Antes, los cuentos, montones de ellos, pasaban por mi cabeza. Se acercaban, me saludaban y se iban. Ahora, cuando los veo venir...

  • TXABI ARNAL

    Quise escribir La isla del tesoro, pero un amigo me contó que un tal Robert Louis se me había adelantado...

  • RAFA ORDÓÑEZ

    Y a mí me dio por escribir. Y contaba cuentos y escribía y contaba y escribía y comía pipas y escribía y corregía y, a veces, estornudaba...

  • JOSÉ ANTONIO RUIZ

    Nació en Madrid en 1972 y lució rodilleras en los pantalones hasta bien entrada la pubertad. Ahora que vive en Finlandia...

  • GABRIELA RUBIO

    Nieta de un escultor y una francesa, su infancia estuvo marcada por la compañía de los dibujos de academia de su abuelo, y de los cómics de Tintín y Asterix que su madre compraba...

  • NONO GRANERO

    Nono Granero nació en blanco y negro, justo en el momento en que Massiel ganaba el Festival de la Canción de Eurovisión...

  • AURORA RUÁ

    Cuando sea mayor quiere ser constructora de historias. Como es poco disciplinada, no entrena a diario, qué va... Recoge las palabras que encuentra por ahí, amontonadas en un rincón...

  • NIÑOCACTUS

    De pequeño le gustaba tan poco comer, y tanto los cuentos, que sus padres prometieron regalarle un libro cada vez que engordase un kilo. No recuerda bien cuándo dejaron de hacerlo, pero ya era tarde...

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